Esa tarde hacía frío y menos mal, porque así Madd podía llevar el gorrito de lana blanco que se había comprado el día que había aceptado sus sentimientos hacia David. Gorrito que ahora estaba en sus manos, presa de los dedos nerviosos de ella.
Suspiros latentes entre ambos. Línea divisoria de responsabilidades. David miraba al cielo y le pedía unos años menos. Madd le miraba y negaba despacio, apretando el puño con fuerza.
- Dime, David... ¿Ves mal que uno de 38 esté con uno de 48?... - El niega, evitando su mirada. - ¿Y uno de 58 con uno de 78? - Esta vez él no dice nada, sabe que no tiene importancia más de la que él le estaba dando. Que ellos nacieron para pintarse la piel a colores, no para tirar sus sentimientos por la borda, anclados a unos números que pesan más que el mismo hierro. Pero no cede, le da miedo la sociedad. David ya sufrió cuando se rebeló y buscó su sueño de ser pintor. Pero Madd no aguanta más. - Solo los separan 10 putos años a los primeros y 20 putos años a los segundos. ¡Y la gente lo ve como algo normal!. ¿Qué coño da entonces tú y yo? ¡Que solo nos separan 6 jo-der! - Madd traga toda la bola de angustia estancada en la garganta y desvía la mirada tensando los ojos para que las lágrimas no caigan. - David... olvídalo. Ojalá la sociedad te llegue a querer tanto como lo hago yo. Sé feliz con ella. - Y entonces se va, tirando a la basura más cercana el gorrito de lana blanco y los sentimientos que se acumularon en aquellos bonitos meses.
(a pesar de esta entrada angustiosa, protagonizada por los alter-ego de mi y Kosmos, he de soltar al aire, que por una vez creo que algo va a salir bien. La mejor amiga de Kosmos, me ha dicho, que hablando con él, Kosmos soltó que se estaba pillando por una chica unos años menor que él. Y yo, ahora no dejo de sonreír con una boba y me voy a atrever a pedirle que me acompañe a ver El Rey León al cine...)