Cuento número cuatro.

Inglaterra, año 1845.

''Mcwood's Home'' La placa de la casa era releído por Hadrien, oculto en su forma de dragón tras los grandes árboles que rodeaban aquella casita de aspecto victoriano. Aquel inmenso dragón de escamas turquesas y forma viperina, dejaba escapar más de un rugido por su potente hocico. Estaba preparado para atacar. Estaba a punto de realizar otra de sus tantas misiones.

De pronto, un trueno: la señal de sus aliados. Las pupilas grises de Hadrien se dilataron y en cuestión de segundos se encontraba en la puerta de la estancia, con su cuerpo humano cubierto por una túnica con capucha azul. La vestimenta de los magos oscuros.
No había tiempo que perder por lo que la lucha no tardó en originarse en aquella casa. Mago oscuro contra la pareja de magos puros.

Hadrien había sido especialmente entrenado para combatir con más de un contrincante, por lo que no le fue difícil aquel enfrentamiento, incluso llegó a pensar que aquella pareja apenas puso resistencia física, porque Hadrien, ya se había acostumbrado a la emocional. Las lágrimas que caían de la mujer no traspasaron ni un poco de su coraza, ni la cálida sensación que emitía los ojos del hombre. Hadrien había sido hecho para matar.

Cuando los cuerpos quedaron inconscientes sobre el suelo, Hadrien les rebanó el cuello, manchándose las manos de sangre pura, algo que le resultó asqueroso y le hizo esbozar una mueca de asco. Tras agarrar el aura de los cuerpos y meterlas en dos pequeños tarros se levantó para inspeccionar el hogar. Los cuerpos quedaron tirados en el salón.

Entonces, un ruido. Hadrien no tardó en ponerse alerta y caminar despacio hacia el origen de aquello. Llegó a entrar a una de las habitaciones y con la pistola en la mano, apuntó de golpe el interior, hasta visualizar una cuna de madera con una niña apoyada en la barra. Le miraba con ojos impregnados de curiosidad y su pelo rizado bailaba con la luz del sol.

Hadrien se acercó de golpe y colocó su pistola en la sien de la pequeña. Su misión era matar a todos aquellos  magos puros. Dispuesto a apretar el gatillo, la niña metió su pequeño dedo en el boquete del arma, completamente curiosa.

- ¡Babú!

Exclamó la pequeña, alzando sus manitas indicando al joven que la apuntaba que la cogiera. Y entonces, aquellos ojos llenos de vida, de un color verdoso, resaltantes sobre su etérea piel y su níveo pelo, consiguió romper de golpe la estructura metalizada de Hadrien.

Pero de pronto....

Pum.


(atras te espera otro cuento nuevo)

2 comentarios:

  1. Me has roto el corazón en este preciso momento (¿cómo puede ser tan doloroso y tan bonito a la vez?)

    Sólo tú eres capaz de hacer este tipo de magia :)

    plumas de Góndola,
    a quien has dejado
    embobado

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  2. Oh! Precioso! Me encanta, me encanta completamente!
    Pum? ¿¿PUM?? ¿Quien a disparado? Jo, que intriga..
    Me encata la parte de "Cuando los cuerpos quedaron inconscientes sobre el suelo, Hadrien les rebanó el cuello, manchándose las manos de sangre pura, algo que le resultó asqueroso y le hizo esbozar una mueca de asco." Jajaja Alucinante! Creo que estoy un poquito mas sadica de la cuenta hoy:P
    Muchosmuchosmuchosbesos:)
    LittleC.
    P.D.:He visto tu Listography. Puede que el abrazo no sea físico, pero el virtual que te estpy dando ahora mismo en mi imaginacion es digno de un oso!

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