Niyura abrazó la pecera antes de tirar a Trece a aquellas aguas. Las lágrimas de ella caían como despedida para el pececito.
Vió como se alejaba, por aquel pequeño río que era inmenso para el Trece. El silencio se instaló ahí, así tal cual. Y Niyura apretaba la mandibula, mordiendose el labio antes de soltar:
- ¡Buena suerte Trece! ¡No te fíes a la primera de cambio de nadie! ¡Y se siempre quien eres! ¡No cambies! ¿Me oyes? ¡Que aunque la gente diga que el trece da mala suerte, demuestra que alegras corazones!
Niyura se había levantado, apoyando su barriga en la barra del puente, gritando en plena noche, con las lágrimas haciendo paracaidismo desde sus ojos. Sus ojos se empañaron y unas risas infantiles se escucharon.
Niyura sobresaltada se giró, abriendo los ojos de golpe ante lo que veía: Una niña de unos cinco años de edad aparentemente, con un disfraz de gato y un sombrero de punta sobre su cabeza que no paraba de saltar.
- ¡Tre-tre-trece!
Musitó aquella niña torpemente, echandose de nuevo a reir, cerrando los ojos.-Vamos, sigue caminando Nube, ¡Que no podemos quedarnos aquí toda la noche!
Soltó de golpe el sombrero, con un tono de voz ronco.Niyura los miraba atónita. Nube frunció el ceño y echó a correr, desapareciendo con el sombrero por aquel bosque. La respiración de Niyura aumentó. ¿Y si su padre tenía razón? ¿Y si su imaginación ya estaba sobrepasando la línea de la realidad... y se estaba volviendo loca?
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